La Vida Mortal
Todos los seres humanos que vivimos en esta tierra poseemos dones de Dios, uno de ellos es nuestro cuerpo físico. Nuestro espíritu da vida al cuerpo humano y juntos conforman un Templo de Dios, el cual debemos cuidar. En 1 Corintios 3:16-17 dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.
El propósito de estar en la tierra y poseer un cuerpo físico, es ser probados, esto nos da la oportunidad de mostrar a Dios nuestro amor y el deseo de regresar a vivir con Él. En Abraham 3:25 dice: “y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare”.
Como seres vivientes también tenemos la facultad de procrear, lo cual es una bendición de Dios, en Salmos 127:3 dice: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. Aparte de ser una bendición, la facultad de procrear es un mandamiento que Dios nos ha dado desde la fundación del mundo con Adán y Eva: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos…”
Con la vida mortal entonces heredamos: un cuerpo físico, la oportunidad de ser probados, la facultad de procrear y por último la facultad de morir.
Todos los humanos estamos sujetos a la muerte física, la cual experimentaremos todos sin excepción. La muerte es la separación de nuestro espíritu y nuestro cuerpo físico. Al no saber exactamente el momento de nuestra muerte, debemos esforzarnos por prepararnos en cada momento de nuestra vida, siguiendo siempre el ejemplo de Jesucristo.