La Preparación para un Matrimonio

Para los Mormones, el matrimonio es una ordenanza sagrada y divina. Es la unión de un hombre y una mujer para formar una sola carne, con el propósito divino de formar una familia. Ya que el matrimonio es mandado por Dios, los Jóvenes Adultos Solteros Mormones, se esfuerzan cuidadosamente para poder llevarlo a cabo y especialmente mantenerse puros y dignos para realizarlo en el Templo.

El consejo de los Profetas vivientes a los jóvenes que no se han casado es: “Prepárate para casarte con la persona apropiada, en el lugar apropiado y en el momento apropiado; vive ahora de tal manera que seas digno(a) de la clase de persona con la que esperas casarte”.

Para los miembros de la Iglesia Mormona (o SUD) es muy importante casarnos en el Templo, y esforzarnos juntos como marido y mujer, a lo largo de nuestras vidas para fortalecer el matrimonio.

El undécimo Presidente de la Iglesia, Harold B. Lee enseñó: “El matrimonio es una asociación.  Alguien ha observado que en el relato bíblico de la Creación la mujer no fue hecha de la parte de la cabeza del hombre, como para indicar que ella le gobernara, ni fue hecha de la parte del pie del hombre para que él la pisoteara bajo sus pies.

Matrimonio Celestial

La mujer fue sacada del costado del hombre como para destacar el hecho de que ella habría de estar siempre al lado de él como socia o compañera…”. 

La Doctrina Mormona nos enseña que como parejas debemos esforzarnos por cumplir nuestras responsabilidades de esposa y esposo, el uno para con el otro. Por estas razones, el matrimonio no debe tratarse con liviandad, el hombre y la mujer no deben unirse en yugo desigual como aconseja Pablo en 2 Corintios 6:14: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?"

Sin embargo, más que tener las mismas creencias, un hombre y una mujer deben compartir metas espirituales, sin tener dudas que al casarse estarán formando un hogar y una familia por la eternidad.

Los Mormones creemos que al prepararnos para contraer matrimonio debemos tener claras las cualidades especiales que necesitamos en nuestra pareja, de igual manera debemos esforzarnos por desarrollar cualidades para entregar a la persona amada.  Los líderes nos aconsejan buscar a alguien a quien podamos honrar y respetar, alguien que complemente nuestra vida y a quien entreguemos todo nuestro corazón, todo nuestro amor y toda nuestra lealtad.

Por medio del Primer Profeta Mormón, José Smith, se recibió una revelación con respecto a esto y se encuentra en Doctrina y Convenios 131:1-4: “En la gloria Celestial hay tres reinos o grados; y para alcanzar el más alto el hombre tiene que entrar en este orden del sacerdocio (es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio); y si no lo hace no puede alcanzarlo.  Podrá entrar en el otro, pero ése es el límite de su reino, no puede tener progenie”.

En Doctrina y Convenios 132:19 dice: “Si un hombre se casa con una mujer por mi palabra, la cual es mi ley, y por el nuevo y sempiterno convenio, y les es sellado por el Santo Espíritu de la promesa, por conducto del que es ungido, a quien he otorgado este poder y las llaves de este sacerdocio…y si cumplen mi convenio…les será cumplido en todo cuanto mi siervo haya declarado sobre ellos, por el tiempo y por toda la eternidad; y estará en pleno vigor cuando ya no estén en el mundo”.

Los Mormones creemos que al ser dignos y guardar nuestros convenios con el Señor, El nos dará todas las bendiciones que ha prometido a Su pueblo. De igual manera con el matrimonio, creemos que si nos mantenemos dignos a los convenios que hacemos con Dios y nuestro cónyuge al momento del matrimonio en el Templo, El Señor bendecirá nuestra unión y llegaremos a ser una familia eterna y feliz.

Para todo joven y jovencita miembro de la Iglesia Mormona, entrar en el Templo para unirse en matrimonio a la persona amada, es la meta más grande y una de las razones que les mantiene puros y dignos dentro de la Iglesia, ya que esperan ser merecedores de recibir todas las bendiciones que el Señor les ha prometido si cumplen.