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Muerte Física

"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir;" (Eclesiastés 3:1-2).

La muerte separa al cuerpo del espíritu. “y el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre”. (D&C 88:15). Esta separación evoca punzadas de dolor a los que se quedan atrás. El dolor es real. Solamente su intensidad varía. Generalmente entre más joven sea la victima, más fuerte es el dolor. El llevar consigo el luto es la expresión más pura de amor. Es una respuesta natural y está completamente de acuerdo con el mandamiento divino: “Viviréis juntos en amor, al grado de que lloraréis por los que mueran, y más particularmente por aquellos que no tengan la esperanza de una resurrección gloriosa”. D&C 42-45.

La vida no empieza con el nacimiento de una persona y no termina con la muerte. Anteriormente a nuestro nacimiento, nosotros vivíamos como hijos espirituales de nuestro Padre Celestial. Cuando estábamos allí, nosotros anticipábamos la posibilidad de venir a la tierra y obtener un cuerpo físico. Supimos que íbamos a tomar riesgos en la mortalidad, lo que nos permitiría ejercitar nuestro albedrío.

En Alma 12:24 leemos: “Y vemos que la muerte viene sobre el género humano; sí, la muerte de que ha hablado Amulek, que es la muerte temporal; no obstante, se le concedió un tiempo al hombre en el cual pudiera arrepentirse; así que esta vida llegó a ser un estado de probación; un tiempo de preparación para presentarse ante Dios; un tiempo de prepararse para ese estado sin fin del cual hemos hablado, que viene después de la resurrección de los muertos”.

Las escrituras enseñan que la muerte es esencial para la felicidad. “Y he aquí, no era prudente que el hombre fuese rescatado de esta muerte temporal, porque esto habría destruido el gran plan de felicidad”. (D&C 42:8).

Nuestra perspectiva fuera diferente si pudiéramos ser testigos de la reunión en el otro lado del velo, donde las puertas de la muerte se abren para aquellos que regresan. Esta fue la visión del Salmista quien escribió: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”. (Salmos 116:15).

Las pruebas físicas y espirituales proveen desafíos continuos en la vida. Cada uno de nosotros pasamos por diferentes experiencias personales. Muchos por ejemplo, estamos en el crepúsculo de la vida y tenemos días muy largos y difíciles; y todos entendemos el significado de lo que llamamos “perseverar hasta el fin”, en Mateo 24:13 leemos, “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.

El Señor siempre pidió que viviéramos nuestras vidas de acuerdo a su ejemplo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. (Juan 13:15).

La mortalidad, es temporal y termina en las puertas de la muerte. Luego vienen las preguntas de los que se quedan: ¿dónde está mi ser querido ahora? ¿Qué sucede después de la muerte? Mientras que muchas preguntas no pueden ser respondidas por completo, mucho se sabe acerca de esto.

Dios, quien nos creó en primer lugar, tiene el poder definitivamente de hacerlo nuevamente. Los mismos elementos necesarios ahora en nuestros cuerpos estarán disponibles –a Su mandato. El milagro de la resurrección, maravillosamente se asemeja al milagro de nuestra creación.

 

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