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Jesucristo resucitado visitó a los habitantes de las Américas

En una ocasión, mientras Jesús habitaba en Jerusalén y enseñaba el Evangelio de Salvación dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor”.  (Juan 10:16)

Al mismo tiempo, los habitantes de las Américas recibían instrucción y enseñanza sobre el Salvador del mundo que daría su vida por la salvación de las almas de parte de Profetas que Dios llamaba en estas tierras.

Este maravilloso acontecimiento se registra en 3 Nefi 11 del Libro de Mormón, relata la ocasión en una multitud de personas comentaban lo ocurrido, después de varias tempestades, terremotos, incendios, torbellinos y convulsiones que testificaban de la crucifixión de Cristo y el gran silencio que reinó en la tierra durante muchas horas, escucharon una voz en el cielo, la cual no entendieron sino hasta la tercera vez que la oyeron, esta voz les decía: “He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre a Él oíd”.  (3 Nefi 11:7)

Esta voz que escucharon era la voz de Dios desde los cielos, que presentaba a Su Hijo Amado.  Inmediatamente después “…vieron a un Hombre que descendía del cielo; y estaba vestido con una túnica blanca; y descendió y se puso en medio de ellos.  Y los ojos de oda la multitud se fijaron en Él, y no se atrevieron a abrir la boca, ni siquiera el uno al otro, y no sabían lo que significaba, porque suponían que era un ángel que se les había aparecido”.

El versículo 10 y 11 de 3 Nefi 11 dice lo que expresó este personaje que las personas vieron descender: “He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo.  Y he aquí, soy la luz y la vida del mundo; y he bebido de la amarga copa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, tomando sobre mí los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la voluntad del Padre en todas las cosas desde el principio”.

Después de esto, las personas quedaron maravilladas y se arrodillaron frente al Salvador, más El les dijo que se levantaran para ver y palmar las marcas de sus manos y pies, así como de su costado, con lo que las personas pudieron testificar que realmente “…era Él, de quien habían escrito los profetas que había de venir”.

Después que las personas cayeron a sus pies y le adoraron, Jesucristo llamó a uno de los que se llamaba entre la multitud, este era Nefi, en el versículo 21 El Señor le dijo: “… Te doy poder para que bautices a los de este pueblo cuando yo haya ascendido al cielo otra vez”.

Jesucristo le dio a Nefi el mismo poder que dio a sus apóstoles en Jerusalén para actuar en Su nombre, así mismo enseño la forma correcta de realizar un bautismo:

“De cierto os digo que a quienes se arrepientan de sus pecados a causa de vuestras palabras, y deseen ser bautizados en mi nombre, de esta manera los bautizaréis: He aquí, descenderéis y, estando de pie en el agua, en mi nombre los bautizaréis.  Y he aquí, éstas son las palabras que pronunciaréis, llamándolos por su nombre, diciendo: Habiéndoseme dado autoridad de Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén”.  (3 Nefi 11:23-24-25)

Después de enseñar la manera del Bautismo, Jesucristo les habló sobre la recepción del Espíritu Santo y les recalco la importancia de arrepentirse y recibir un bautismo para la remisión de sus pecados.

Hoy en día las enseñanzas que se encuentran en el Libro de Mormón son muy importantes dentro de la Doctrina Mormona, especialmente lo que Jesús enseñó cuando visitó a estos pueblos, ya que reconfirma cada una de Sus enseñanzas en Jerusalén, y además muestra la gran misericordia y amor que El Señor tienen a todos sus hijos, ya que permitió que Jesucristo organizara Su Iglesia tanto en Jerusalén como en las Américas.

 

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