Experiencias Misionales

Serví como misionero en Puerto Rico y me pasaron muchas cosas importantes, cosas que quisiera recordar por toda mi vida y que he guardado en mi diario para que mis hijos y talvez mis nietos puedan leerlas.  Hay en particular algunas que me gusta compartir con todos mis amigos pues de no haber sido por el tiempo que serví como misioneros no hubieran ocurrido.

Pues como todo misionero, gran parte de lo que hacemos es predicar el Evangelio y ayudar a los demás a ser parte de la Iglesia y lograr que sus vidas cambien. Muchas veces se pierde la visión de lo que se puede lograr cuando no recordamos todos los propósitos por los que se dedica tiempo como misionero y nos enfocamos solamente en uno de esos propósitos.

A mí me pasó, pues un tiempo pensé que sólo debía traer más personas a la Iglesia y en muchas ocasiones nadie quiso venir ni siquiera aceptar la invitación. Después de unas semanas de rechazo sentí que no tenía mucho sentido pasar dos años de mi vida invitando a personas que no querían escuchar a dos desconocidos extranjeros con un mensaje nuevo para ellos.

Pero una noche, cuando todas las citas con personas se habían cancelado y no teníamos más que hacer, de una manera muy particular pude recordar que un misionero no sólo tiene un propósito para estar en otro lugar del mundo por dos años.

Cuando regresábamos a casa por una calle no muy transitada vimos que alguien estaba listo para salir de su casa, esta persona subió a su carro muy deprisa sin darse cuenta que uno de sus hijos pequeños salía atrás de ella, se colocó en la parte de atrás del carro que por ser muy grande y el niño tan pequeño quedó fuera de su vista, vimos que las luces de retroceso se encendían y el niño no se movía.

Corrimos gritando hasta detener el carro a unos centímetros del niño y pudimos evitar que la madre tuviera una espantosa experiencia esa noche.

Cuando la madre del niño se bajó del carro super asustada por no saber lo que pasaba, sólo tomó a su hijo y entró en su casa sin decir nada.

En lo personal sentí que mi tiempo en Puerto Rico sí tenía un sentido y que por más de una razón fui escogido para estar allí como un misionero.  

Recordé que no sólo fui para que más personas ingresaran a la Iglesia sino también para aprender que cuando estamos al servicio de nuestro prójimo sea cual sea el servicio, sólo estamos al servicio de Dios.

Soy de Guatemala tengo 21 años y me gusta ser miembro de esta Iglesia, la Iglesia de Jesucristo

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