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Experiencias Misionales

Mi nombre es: Juan Alexander Bac López, y soy miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Guatemala);  he tenido la oportunidad de servir como misionero voluntario, por dos años en el país de Honduras, dándome el privilegio de relacionarme y hermanar a muchas personas. Así mismo he podido servirles con amor, con el deseo de que ellos puedan conocer más a fondo la misericordia de Jesucristo y Su Padre, a quien tanto amamos y adoramos con devoción.

Durante los dos años que estuve en ese país, nunca antes había visto con tanto poder el beneficio de conocer el Evangelio eterno, y los cambios que lleva a efecto en la vida de tantas personas como en ese tiempo. Ni siquiera imaginaba los problemas que afrontan las familias cuando no tienen ideales en común; cuando los padres tienen que trabajar todo el día; cuando los hijos no ven a sus padres por mucho tiempo y tienen que recurrir a amistades fuera del hogar, y aún peor cuando estas familias se desintegran a causa de no tener valores bien cimentados.

Sin embargo la Iglesia de Jesucristo, busca aliviar el dolor de muchas familias a través de enseñanzas correctas que los conducen a buscar el amparo, la guía, los consejos y protección del Salvador.

En Tegucigalpa, Honduras, había una familia integrada por seis personas; tenían como ocupación fabricar piñatas. Cuando los conocimos mi compañero y yo, ellos atravesaban uno de los peores momentos de sus vidas. El padre y la madre se esforzaban a diario por trabajar y ganar lo suficiente para mantener a su familia, sin embargo esto no les alcanzaba para cubrir sus necesidades, por otro lado, una de sus hijas se había ido de la casa, y su yerno era drogadicto. En realidad es imposible imaginar el dolor y angustia que sienten estas familias cuando no encuentran la solución a sus problemas; recurren a actividades que los alejan de sus seres queridos, se olvidan de buscar a Dios en algunos casos, a tal punto que llegan a separarse.

Estoy agradecido que ese no fue el caso de dicha familia, cuando llegamos les hicimos saber que tienen un Padre Celestial quien los ama y desea que regresemos con él, que somos sus hijos y como tal nos bendice y desea que progresemos. Por esa razón nos da pruebas, con el objeto de que las podamos superar y le demostremos cuán dispuestos estamos de seguirle; son esos momentos de la vida los que nos fortalecen y nos hacen crecer como individuos y como familias.

Les invitamos a que fueran a la Iglesia, con la promesa de que si lo hacían Dios los bendeciría grandemente, aunque claro, les hicimos saber que sus vidas no se transformarían de la noche a la mañana, pues todo es un proceso. Durante el mes que los visitamos nunca fueron a la Iglesia aun cuando estaban dispuestos a escucharnos y sabían que no podrían cambiar el estilo de vida que llevaban a menos que tomaran una decisión de forma radical, para ese entonces tuve que marcharme del área, seguidamente ocurrió lo mismo con mi compañero, y no volví a saber más de ellos hasta un año después.

Durante ese año, nuevos misioneros les habían visitado y se habían esforzado por hacerles comprender la necesidad de buscar a Dios y sus enseñanzas, ellos se bautizaron, su hija retornó a casa, pero lo más importante fue que ellos aprendieron a valorar el sacrificio que realizó nuestro hermano mayor Jesucristo y empezaron a vivir de una manera tan distinta que sus rostros ya no reflejaban angustia y pesar, aun cuando su situación económica no había cambiado como cualquier persona lo desearía.

Ver esos cambios en la vida de las familias, es lo que me aferra a ésta Iglesia, pues sigue como modelo las enseñanzas de nuestro redentor y sé que Cristo es quien la dirige a través de un profeta viviente (Gordón B. Hinckley) que nos ama, nos hace sentir gozo cuando servimos a los demás, y lo más importante…cuando nos olvidamos de nosotros mismos en beneficio de aquellos que lo necesitan.

Sé que Cristo vive, que José Smith fue y es un profeta de Dios, que está Iglesia es verdadera; no hace más que proclamar el sacrificio de Cristo y el amor de un Dios que piensa en nosotros a cada instante, que tanto la Biblia, el libro de Mormón, y otras escrituras provenientes de los profetas han sido dadas por nuestro Padre Celestial con la finalidad de que aprendamos a acercarnos a él y que conozcamos de su poder, sé que lo más importante en esta vida y para Dios es la familia.

Juan Alexander Bac López

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