Experiencias Misionales

Es difícil caminar por las calles buscando personas a quienes compartir nuestros sentimientos más sagrados y puros, aquellos que verdaderamente vienen del corazón…

Pensar en cual de todas las experiencias que uno pasa en la misión es la más impactante, o de la cual se aprendió más, no es tan sencillo, pues hay demasiadas que se viven y uno aprende lo que verdaderamente es conocer y comprender el Evangelio de Jesucristo.

Recuerdo muy bien cuando un poco cansadas y bajo el sol de medio día en Choluteca, (en el sur de Honduras) fuimos a la casa de un miembro de la Iglesia, a pedir nombres de personas para enseñar. La Hna. Reina Solórzano, siempre estaba dispuesta a ayudarnos y sobre todo nos regalaba algún fresco; eso era una bendición muy grande en la misión cuando no se tenía ni un solo centavo en la bolsa.  Por medio de la obra genealógica que practicamos en la Iglesia, ella encontró un tío y siempre estaba dispuesta a compartir el Evangelio con todos. Era extraño encontrar a un miembro con tanto ánimo de trabajar y un espíritu tan fuerte, a decir verdad, estábamos tan agradecidas por esa referencia.

Conocimos a nuestro investigador de oro, (como le llamamos en la misión)  yo le llamaba, “ el abuelo“  el hermano Andrés Virgilio Hernández tenia 90 años, y ya no podía ver muy bien, pues un accidente en su ojo izquierdo le impedía ver con claridad la luz del día. La Hna. Thompson y yo decidimos ir a visitarlo y llegamos a su casa. El estaba en una hamaca recostado siempre pensando, no se en que pensaba a sus 90 años, pero  siempre estaba meditando. Cuando nos escuchó llegar, él estaba tan emocionado por recibir visitas de alguien.  Su puerta siempre estaba cerrada con algún lazo por fuera así que nadie entraba durante el día a su cuarto,   siempre debían llevarle la comida para que pudiera alimentarse, su esposa había fallecido y sus hijos se habían olvidado de él.  El día que nos conoció vi su gran sonrisa, y con mucho agradecimiento nos dijo, “gracias por venir y hablarme de Dios, nadie lo ha hecho desde hace mucho tiempo.“  Así que empezamos cantando un himno y haciendo una oración, pedimos que la guía del Espíritu Santo pudiera acompañarnos en esos momentos para que pudiéramos llegar al corazón de aquel buen hombre. 

Parte de nuestra enseñanza consiste en testificar al mundo que somos hijos de Dios, que El ha enviado profetas desde la fundación del mundo como una ayuda para recordarlo y reconocerlo en todos nuestros hechos. Desde el principio del mundo se han rechazado a los profetas pensando en que sus palabras son vanas, y siempre Él sigue enviándonos testigos y hombres escogidos que nos ayudan a comprender Su amor. Ellos prepararon el camino para que el mundo pudiera recibir a Cristo como lo que era, El Salvador del mundo. El mismo Salvador vino y estuvo entre los hombres pero El también fue rechazado, y sus apóstoles también, por lo que dejando de haber apóstoles, profetas y testigos de Cristo,  la verdad se perdió, y el mundo cayó en una gran oscuridad espiritual en la que ya no había quien nos ayudara a saber que hacer y surgieron tantas Iglesias, que creaban dudas, haciendo pensar que Dios se había olvidado de sus hijos.

En el año de 1820 en medio de aquella apostasía, un joven con tan sólo 14 años, se hallaba orando con las rodillas al suelo en medio de un bosque, para poder saber, cómo salir de aquella confusión en la que se hallaba. Orando con un corazón sincero y con el deseo de creer en que Dios podía contestar su oración expresó, “ Ví una Columna de luz más brillante que el sol directamente arriba de mi cabeza, y esa luz, gradualmente descendió hasta descansar sobre mí; al reposar sobre mí la luz, vi en medio de ella a dos personajes cuyo fulgor y gloria no admiten descripción alguna, uno de ellos me habló llamándome por mi nombre y señalando al otro, dijo, José, Éste es mi hijo amado Jesucristo escúchalo!“

José Smith tuvo la maravillosa oportunidad de ser llamado por Dios mismo y su hijo Jesucristo para restaurar la verdad aquí en la tierra, para dar a conocer al mundo que Jesús es el Cristo, el Salvador del mundo, que solamente por medio de los meritos del Cristo ha llegado la salvación al mundo. Por medio de la traducción del Libro de Mormón, el mundo puede llegar a saber que El Padre Celestial ama a todo el mundo y no hace acepción de personas; que la salvación esta dada a todos aquellos que quieran creer y venir a Cristo; esa es la misión primordial de un profeta, testificar de Cristo “y por medio de sus frutos (obras) los conoceréis…“ 
Recuerdo que ese día fue tan especial, el abuelo estaba tan atento y su cara era como de asombro al escuchar que Dios ha puesto Su Iglesia con profetas, apóstoles maestros, pastores y evangelistas con Su Evangelio en esta tierra “para ayudarnos a lograr ser felices como familias eternas”.  El abuelo se sentía feliz de saber que podía reunirse otra vez con su familia, mediante su obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio que Cristo dejó; enseñanzas que se han recibido como revelación en estos últimos días. Nuestras visitas al abuelo se hicieron mas frecuentes y nuestra fe se fortaleció.

La parte mas importante de nuestra misión es invitar a todos a venir a Cristo por medio de la fe en El, el Arrepentimiento, el Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados, la recepción del Espíritu Santo por la imposición de manos por aquellos que poseen la autoridad del sacerdocio y el perseverar hasta el fin.

Sintiendo en nuestro corazón que el abuelo sabía que lo que escuchaba era verdadero, le invitamos a recibir un bautismo en la Iglesia de Jesucristo de Los Santos de Los Últimos Días. Su respuesta siempre quedó grabada en mi mente y en mi corazón, al escucharnos, el soltó una carcajada y dijo,“ Pensé que nunca iban a pedírmelo,  Hermanas, siento que lo que ustedes me han estado enseñando es verdad, siento que no puedo comprender todas las cosas, pero algo sí sé, y es que ustedes son responsables ante Dios por mi alma.“

Comprendí que alguien reconocía cuán importante era mi llamamiento, los demás podían vernos como gente sin  nada que hacer, caminando por las calles y sólo hablando con los demás, pero el abuelo, sabía más que eso, aprendía qué era el Evangelio, y el hacer lo mismo que Jesucristo pidió a los que él había llamado para testificar al mundo, llamar a todos al arrepentimiento y al bautismo por fuego y por agua, tal como Él lo enseñó.

El abuelo finalmente fue bautizado el día10 de marzo del año 2006 a las siete de la noche. Ese día, me sentía tan agradecida por saber que durante 18 meses había traído esperanza a mi prójimo; yo misma podía comprender que cuando estamos al servicio de nuestros semejantes sólo estamos en el servicio de Dios, y que no hay bendición más grande que a dar conocer las buenas nuevas al mundo, que sientan la paz que Dios sabe dar; el comprender que hay una barra de rectitud a la cual se debe aferrar todo aquel que quiera ser mejor y que desee ayudar a los demás a probar del buen fruto. Cristo es El Salvador, esta es su obra, y no puede compararse con nada. Amo a Jesucristo y estoy tan agradecida porque por medio de José Smith Él pudiera poner de nuevo las bases sobre las cuales se sienta Su Iglesia, y que ha llamado a un profeta, Gordon B. Hinckley y a 12 apóstoles, a quienes les da revelación para prepararnos a recibirlo en Su venida con poder y gloria.

Jennyffer Curruchiche Che
Estaca Chimaltenango Guatemala
Sirvió como misionera en Honduras, Tegucigalpa

 

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