La Educación
Alma, un profeta del Libro de Mormón, nos aconseja en Alma 37:35: “¡Oh recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!”.
Los Mormones creemos que Nuestro Padre Celestial desea que eduquemos nuestra mente y mejoremos nuestras aptitudes y facultades, en Doctrina y Convenios 88:118 dice: “Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”.
En las Escrituras El Señor mismo nos aconseja buscar conocimiento, tanto espiritual como temporal, el cual nos ayudará a ser una ser una buena influencia para el mundo.
Dentro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona o SUD) se nos insta a tener el deseo de aumentar nuestro conocimiento espiritual, en cuanto a las Escrituras y el Evangelio de Jesucristo mediante los cursos de Seminario e Instituto, también a que continuemos nuestros estudios académicos, si no tenemos los suficientes medios para hacerlo, la Iglesia nos proporciona la oportunidad con el Fondo Perpetuo para la Educación.
Los líderes de la Iglesia Mormona nos aconsejan a mantener siempre el entusiasmo por aprender. Debemos buscar las oportunidades para obtener la mejor educación académica disponible y de igual manera asistir a Seminario, el cual es impartido por miembros de la Iglesia a todos los jóvenes Santos de los Últimos Días, de 14 a 18 años, y a Instituto, de 18 a 30 años.
En Doctrina y Convenios 88:78-80 dice: “Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del Evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender; de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosa que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también el conocimiento de los países y de los reinos, a fin de que estéis preparados en todas las cosas, cuando de nuevo os envíe a magnificar el llamamiento al cual os he nombrado y la misión con la que os he comisionado”.