Este no es un sitio oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

John Taylor

Somos hijos de Nuestro Padre Celestial y tenemos el potencial de llegar a ser como Él.

“…¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que los visites?” (Salmos 8:4).

Desde un punto de vista, el hombre parece muy deficiente, muy débil e insensato, y muy insignificante; desde otro punto de vista, parece sabio, inteligente, fuerte honorable y eminente.  De los ojos con que miren a una persona dependerá la opinión que se formen de ella.  En un aspecto, por decirlo de alguna manera, la persona parece como la hierba del campo que hoy es y mañana se echa en el horno: es variable en sus opiniones, en sus pensamientos, reflexiones y acciones; es ociosa, vana y visionaria, sin ser gobernada por ningún principio correcto.  Viene al mundo, por decirlo así, como una mariposa, revolotea por allí un rato, después muere y ya no es más.

Desde otro punto de vista, vemos a la persona con otros ojos; la vemos provenir de los Dioses, como un Dios en embrión, como un ser eterno que tuvo existencia antes de venir aquí y que existirá después de que sus restos mortales se hayan mezclado con el polvo, del cual fue hecho y del que resucitará y participará de esa felicidad para la que fue destinado, o recibirá la recompensa de sus malas acciones, según sea el caso…

…¿Qué es el hombre? Existió en los mundos eternos; existió antes de venir aquí.  No es tan sólo hijo del hombre, sino que también es hijo de Dios.  Es un Dios en embrión y posee en su ser una chispa del fuego eterno que se encendió de la llama del fuego eterno de Dios en el mundo eterno, y ha sido puesto aquí en la tierra para que posea verdadera inteligencia, verdadera luz, verdadero conocimiento, para que se conozca a sí mismo, para que pueda conocer a Dios, para que sepa algo de lo que era antes de venir aquí, para que sepa algo de lo que está destinado a disfrutar en los mundo eternos”.

Si hablamos con respecto al hombre, se dice que fue creado a imagen de Dios, y por la sencilla razón de que es hijo de Dios, como hijo de Dios es, naturalmente, Su progenie, provino de Dios, a cuya imagen se nos dice que fue hecho.  No se originó de materia caótica, en movimiento o inerte, sino que vino poseyendo, en estado embrionario, todas las facultades y los poderes de un Dios.  Y cuando sea perfeccionado y haya progresado hasta alcanzar la madurez, será como su Padre, un Dios, puesto que es, en efecto, su vástago. 

Presidente Joseph F Smith

Así como el caballo, el toro, la oveja y toda criatura viviente, incluido el hombre, se propaga según su especie y perpetúa su propio género, del mismo modo Dios perpetúa los Suyos.

El hombre anda erguido sobre la tierra a semejanza de su gran Creador; ha sido hermosamente organizado en todas sus partes, con un cuerpo que posee todas las funciones necesarias para lo que es preciso para la humanidad; está, no sólo por derecho, sino por capacidad de adaptación, belleza, simetría y gloria, a la cabeza de toda Creación; posee también facultades intelectuales y la capacidad de reflexionar en el pasado, de aplicar la inteligencia al fenómeno de causa y efecto, y, mediante los poderes inductivos de su mente, por conducto de la inspiración del Todopoderoso, comprender las magníficas leyes de la naturaleza que ponen de manifiesto las obras de la Creación; también tiene la capacidad de utilizar los elementos y las fuerzas de la naturaleza, y de adaptarlos para su propio beneficio particular; y, con sus poderes, puede penetrar en lo profundo, ascender a los cielos, desplazarse a gran velocidad por la tierra, utilizar en forma separada o combinada las fuerzas de la naturaleza que le rodean y subyugarlas a su voluntad; del mismo modo, ,con su inteligencia, tiene dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del aire y sobre las bestias.

 

Tomado del discurso: El origen y el destino del género humano, cap 1.

Leave a Reply