Heber J Grant
El Presidente Grant enseñó:
Cuando guardamos los mandamientos, El Señor nos bendice y nos ayuda en nuestras labores.
Se nos ha dicho que la fe sin obras es muerta; que, como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras, esta muerta, (Santiago 2:17,26), y lamento decir que hay muchos que profesan ser Santos de los Últimos Días y que están espiritualmente muertos.
Muchas veces nos formulamos la pregunta: ¿Por qué este hombre progresa en el plan de vida y salvación, en tanto que su vecino, que tiene la misma inteligencia y aptitud, y que, al parecer, tiene el mismo testimonio y poder, y tal vez mayor poder, permanece estancado? Les diré por qué. Aquél guarda los mandamientos de Nuestro Padre Celestial y este no los guarda. El Salvador dice que el que guarda los mandamientos de Dios será amado por el Padre. Además, El Salvador dice que Él le amará y se manifestará a él. (Juan 14:21)
El Señor también nos dice que a cualquiera que oye Sus palabras y las hace le comparará a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca, y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Por otro lado, a los que oyesen Sus palabras y nos las hiciesen, el Salvador los compararía a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y cuando descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa, ésta cayó y fue grande su ruina. (Mateo 7:24-27) Hay muchos Santos de los Últimos Días que están edificando su casa sobre la arena; no cumplen con los mandamientos de Nuestro Padre Celestial que recibimos de vez en cuando por conducto de Sus inspirados siervos.
Ahora bien, puesto que tenemos el Evangelio (y sabemos que lo tenemos) digo a todo Santo de los Últimos Días que desee progresar en el Evangelio que, para ello, debe guardar los mandamientos de Dios. Cuando guardamos los mandamientos de Dios y llevamos una vida de santidad, nos llenamos de caridad, de longanimidad y de amor por nuestros semejantes, y progresamos y acrecentamos todas las cosas que nos hacen nobles y nos llevan a la santidad.

Además, nos granjeamos el afecto y la confianza de las personas que nos rodean. Si cumplimos todos los días con los deberes sencillos y elementales que tenemos a nuestro cargo, iremos adquiriendo cada vez en mayor medida el Espíritu de Dios.
Me regocijo muchísimo en el Evangelio de Jesucristo que se ha revelado en esta época y deseo fervientemente ser capaz, junto con el resto de los Santos de los Últimos Días, de poner en orden mi vida, de tal manera que la mente nunca se me oscurezca, que nunca me aparte de la verdad ni quebrante ninguno de los convenios que he hecho con el Señor. Deseo de todo corazón conocer la disposición y la voluntad de mi Padre Celestial, y tener la capacidad y la fortaleza de carácter necesarias para cumplirla en mi vida. Deseo eso mismo para todos los Santos de los Últimos Días. Agradezco profundamente el hecho de que, en proporción con nuestra diligencia, fidelidad y humildad en lo que toca a guardar los mandamientos de Dios, Él nos bendecirá y nos prestará ayuda en nuestras labores; y es el deber de toda persona procurar con fervor aprender las vías del Señor.
En las bondadosas providencias del Señor, toda persona que vive el Evangelio de Jesucristo tarde o temprano recibe la valiosísima comprobación que se conoce como un testimonio de la parte eterna de su naturaleza y un testimonio con respecto a la divinidad de la labor a la que nos hemos consagrado.
No hay gente que haga los sacrificios que hacemos nosotros, pero para nosotros no es sacrificio, sino un privilegio: el privilegio de la obediencia, el privilegio de trabajar en colaboración con Nuestro Padre Celestial y de ganar las bendiciones excepcionales que se han prometido a los que le aman y guardan Sus mandamientos.
Cuando Dios manda y nosotros obedecemos, no hay obstáculos infranqueables… Nefi dijo: “porque sé que El nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado”. (1 Nefi 3:7). Comprendamos eso y que el hecho de guardar los mandamientos de Dios nos hará llegar la luz y la inspiración de Su Espíritu. Entonces el deseo de nuestros corazones será conocer la disposición y la voluntad del Señor, y pediremos en oración fortaleza y capacidad para cumplirla, siguiendo de ese modo el ejemplo de nuestro Señor y Maestro Jesucristo.
Tomado del discurso: El andar por el camino que conduce a la vida eterna, cap.3.