Jesucristo es la cabeza de la Iglesia
¿A QUIÉN SEGUIMOS LOS MORMONES?
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; como el nombre de la Iglesia lo indica; Jesucristo es quien está a la cabeza y es nuestro guía. En las escrituras encontramos invitaciones que Jesucristo nos hace para ser como Él y aún como su Padre que está en los cielos; Mateo 5:48 dice: “Sed, pues, vosotros prefectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.
En el Libro de Mormón, en 3 Nefi 12:48, Jesucristo dijo: “Por tanto, quisiera que fueseis perfectos así como yo, o como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.
Los Mormones creemos completamente en seguir el ejemplo de Jesucristo desarrollando atributos como los que Él tiene.
1 Pedro 2:21 dice: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”. La Doctrina Mormona nos enseña que debemos esforzarnos cada día por parecernos a Jesucristo, cultivando en nuestras vidas los atributos Cristianos que Cristo mismo nos enseñó.
Atributos Cristianos que Los Mormones nos esforzamos por desarrollar.
Fe en Jesucristo
La fe en Dios el Padre y en Su Hijo Jesucristo es el primer principio de nuestra religión y es el fundamento de toda rectitud… (Joseph F. Smith, 6to. Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).
Para Los Mormones el tener fe en Jesucristo significa creer firmemente y aceptarlo como Nuestro Salvador y Redentor. Al creer en Él y aceptar Su Expiación, confiamos en Su amor y seguimos Sus enseñanzas, de esta manera nuestra fe aumenta y se fortalece.
La fe puede empezar en nuestro corazón como un simple deseo de creer y a medida que nos esforcemos por seguir a Jesucristo y cumplir sus mandamientos, este deseo de creer crece y se fortalece como una “…firme esperanza de un mundo mejor, sí aun un lugar a la diestra de Dios…”. (Eter 12:4).
Es por medio de la fe que Dios hace milagros, las escrituras nos enseñan que si “…tuviésemos fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”. (Mateo 17:20)
Nuestra fe puede salvarnos (Lucas 8:48), sin embargo la fe sin obras es muerta; Nuestra actitud le muestra al Padre Celestial la clase de fe que tenemos. Nuestra fe puede aumentar por medio de la oración sincera y el ayuno, la lectura de las escrituras, el pago de Diezmos, etc.
La Esperanza
“…la esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes, abundando siempre en buenas obras, siendo impulsados a glorificar a Dios” (Eter 12:4). La esperanza es una firme confianza en que el Señor cumplirá las promesas que nos ha hecho.
La Doctrina Mormona enseña que la esperanza se manifiesta a través de tranquilidad, optimismo, entusiasmo y perseverancia paciente.
Por medio del conocimiento del Evangelio de Jesucristo, los miembros de la Iglesia Mormona, tenemos esperanza de que lo bueno vendrá no importando las pruebas que se presenten en nuestras vidas, creemos firmemente que si obedecemos los mandamientos de Dios, El cumplirá sus promesas y nos dará bendiciones.
La Caridad y el Amor
La caridad y el amor van de la mano, pues la caridad es el amor puro de Cristo. Las escrituras nos enseñan sobre la caridad y el amor. En el Libro de Mormón, Moroni 7:45-47 dice: “Y la caridad es sufrida y es benigna, y no tiene envidia, ni se envanece, no busca lo suyo, no se irrita fácilmente, no piensa el mal, no se regocija en la iniquidad, sino se regocija en la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Por tanto, amados hermanos míos, si no tenéis caridad, no sois nada, porque la caridad nunca deja de ser. Allegaos, pues, a la caridad, que es mayor que todo, porque todas las cosas han de perecer; pero la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien”.
En la Biblia, 1Corintios 13:4-7 dice: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.
Como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (o SUD), debemos cuidar de los necesitados y estar llenos de bondad y de amor hacia toda persona. De esta manera desarrollamos esta caridad y amor que Dios nos pide que tengamos, ya que Jesucristo dijo que el primero y mas grande mandamiento es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente”, siendo el segundo similar a este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Jesucristo es nuestro ejemplo perfecto de la caridad y amor, durante su ministerio terrenal tuvo compasión por todas las personas y anduvo haciendo bienes.
Uno de los presidentes de la Iglesia de Jesucristo SUD dijo: La caridad o el amor es el principio más grande que existe. Si podemos extender una mano de auxilio al oprimido, si podemos ayudar a los que se encuentran desanimados y afligidos, si podemos elevar y mejorar la condición del ser humano, nuestra misión es hacerlo; el hacerlo es una parte esencial del nuestra religión.
En la Iglesia Mormona se nos enseña a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y nos esforzamos por mostrar caridad y amor a todas las personas.
La virtud
El treceavo Artículo de Fe empieza de la siguiente manera: “Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres;…”. Una de las características importantes que como Mormones tratamos de desarrollar es la virtud.
La Virtud se define como integridad y excelencia moral, poder y fuerza; castidad o pureza sexual. Los Mormones creemos que la virtud de una persona se refleja en sus pensamientos y deseos más íntimos. Ser virtuosos depende de nuestras normas morales las cuales deben ser elevadas.
En la sección 4 de Doctrina y Convenios, el versículo 6, invita a los seguidores de Cristo a tener: “…presente la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad, diligencia”. Esta sección termina con el versículo 7 que dice: “Pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá. Amén”.
La Doctrina Mormona nos enseña que los atributos Cristianos como la virtud, son atributos que podemos desarrollar si no los tenemos, especialmente debemos pedirlos a Nuestro Padre Celestial, como lo prometen las escrituras, si pedimos, El nos dará.
Las personas virtuosas son espiritualmente limpias y puras, por esto la virtud es un requisito esencial para recibir la guía del Espíritu Santo. Las escrituras nos enseñan que el Espíritu no mora en templos inmundos, siendo nuestro cuerpo un templo de Dios, debemos mantenerlo limpio y puro tanto por dentro como por fuera.
2 Pedro 1:5 nos hace una invitación para ser partícipes de la naturaleza divina: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud,; a la virtud, conocimiento;…”
Los Mormones somos Cristianos, porque seguimos a Cristo, y nos esforzamos por seguir su ejemplo y desarrollar atributos como los de Él, y la virtud es una de ellas.
La Paciencia
La paciencia es un atributo que nos da calma para sufrir; es la capacidad de soportar la aflicción, los insultos o los agravios sin quejarse ni buscar venganza.
Los Mormones creemos que la paciencia nos ayuda también a hacer la voluntad de Nuestro Padre Celestial y aceptar las cosas a su debido tiempo.
Lucas 21:19 dice: “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”. La paciencia es una cualidad que como seguidores de Cristo debemos desarrollar; va muy entrelazada con la fe y la esperanza. Debemos ser fieles en cumplir con los mandamientos, esperar que las promesas se cumplan, pero tener en claro que se realizarán en el tiempo del Señor; es allí donde entra la paciencia. Romanos 15:4 enseña: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza".
El primer consejero de la Primera Presidencia actual, Thomas S. Monson dijo: “La vida esta llena de dificultades, algunas más penosas que otras. Parecería que hay una infinidad de pruebas para todos. El problema es que muchas veces esperamos soluciones instantáneas para las dificultades, olvidando que frecuentemente es necesario que pongamos en práctica la virtud celestial de la paciencia”.
La Humildad
