Apóstoles
Los doce apóstoles en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona o SUD) son escogidos como testigos especiales de Cristo para todo el mundo. El Quórum de los Doce Apóstoles llega a ser el cuerpo que preside la Iglesia en el evento de la muerte de un profeta, y hasta que un nuevo presidente de la Iglesia es escogido y ordenado.
Para poder establecer una iglesia que continuaría bajo Su dirección aún después que El fuera llevado de la tierra, Jesús fue a una montaña y oró, y continuó toda la noche en oración a Dios. Y cuando ya era de día, él fue hacia sus discípulos, y de ellos El escogió a doce, a quienes les llamó apóstoles. Luego, Pablo enseñó que el Señor, sabiendo de Su muerte, hizo esto para darle a la Iglesia “un fundamento de apóstoles y profetas”. Estos hermanos escogidos por revelación para ser apóstoles, y otros líderes de la Iglesia sirven bajo la dirección del Cristo resucitado.
¿Por qué se necesita tener apóstoles? Dentro de otras razones, el fundamento apostólico y profético de la Iglesia fue de bendecir a todo tiempo, pero especialmente en tiempos de adversidad, peligro, tiempos en que nosotros nos sintamos como niños, confusos o desorientados.
La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles están comisionados por Dios y sostenidos por los miembros de la Iglesia como profetas y reveladores.
En tiempos del Nuevo Testamento, en tiempos del Libro de Mormón y en tiempos modernos, estos oficiales forman las piedras del fundamento de la Iglesia verdadera.
Pablo testificó a los Efesios que Cristo estaba a la cabeza de Su Iglesia. Y el enseñó que el Salvador construyó Su Iglesia con un fundamento de apóstoles y profetas quienes tienen las llaves del Sacerdocio. A pesar de la claridad y el poder de sus enseñanzas y su ejemplo, Pablo sabía que una apostasía vendría. El sabía que los apóstoles y profetas serían quitados de la tierra. Y el sabía que ellos, en un gran día futuro serían restaurados.
Pablo vio con anticipación el ministerio del Profeta José Smith, cuando los cielos serían abiertos nuevamente. Esto realmente sucedió. Juan el Bautista vino y confirió a los mortales el Sacerdocio de Aarón y las llaves del ministerio de ángeles y el bautismo por inmersión para la remisión de pecados.
Los apóstoles antiguos y profetas regresaron y confirieron las llaves que ellos poseían al Profeta José Smith. Hombres mortales fueron ordenados al sagrado Sacerdocio en febrero de 1835. Las llaves del Sacerdocio le fueron dadas a los Doce Apóstoles en marzo de 1844.
El profeta José Smith sabía que su muerte era inminente. El sabía que las llaves preciosas del Sacerdocio y el apostolado no debían y no se perderían otra vez.
Uno de los Apóstoles, Wilford Woodruff, nos dejó la historia de lo que sucedió en Nauvoo cuando el profeta le habló a los Doce:
“En esa ocasión el Profeta José se paró y nos dijo: ‘Hermanos, he deseado vivir para ver este templo construido. Yo no viviré para verlo, pero ustedes sí. Yo he sellado sobre sus cabezas todas las llaves del reino de Dios. He sellado sobre ustedes cada llave, poder, principio que el Dios de los cielos me ha revelado. Ahora, no importa a donde yo vaya o que haga, el reino resta sobre sus cabezas.’”
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